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Agencia para la Reincorporación y la Normalización

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Una persona en reintegración que creó empresa

Una vida como ebanista

Una vida como ebanista

​Con constancia y perseverancia, Arnoldo logró sacar adelante 'Espacios Modernos', su pequeña empresa con gran número de producción en Risaralda. / Foto: Comunicaciones ARN.

Pereira , 02/08/2017

Para Arnoldo Ospina, la buena atención y el buen servicio se han convertido en su filosofía de vida. Hoy en día, representa a un número de personas que decidieron abandonar las armas y gracias al apoyo de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), lograron sacar adelante su iniciativa productiva para aportar al desarrollo de sus comunidades y familia.

Su día a día es bastante agitado. Arnoldo, se levanta cada mañana, consigue el material para la producción y visita a los clientes. "Procuro tener un contacto personalizado con los clientes y la empresa. Ese tipo de cosas generan confianza y garantizan un producto de calidad", dice orgulloso cuando se le pregunta por el crecimiento de 'Espacios Modernos', la empresa en producción de muebles de madera y vitrinas para droguerías, que ha logrado mantener con tanto esfuerzo.

Debido a los pocos recursos con los que contaba su madre, Arnoldo terminó su bachiller y dedicó su tiempo a trabajar y buscar los medios para sostener a su familia. En ese ir y venir, los oficios relacionados con la madera, se hicieron parte de su vida. Desde Cartagena en un taller de la base naval restaurando y pintando barcos, hasta Panamá realizando arreglos en talleres de conocidos, fue adquiriendo diferentes nociones. Pese a esto, la necesidad de retornar con sus seres queridos fue más fuerte y es allí, a sus 25 años, cuando ingresó al grupo.

"Me dejé deslumbrar por la buena vida que llevaban unos primos. Buenas casas, buenos carros. Fue entonces cuando ya estaba adentro que me di cuenta del trasfondo del asunto", relata. Tres años después, vio la oportunidad de abandonar esa vida y retomar a la ebanistería. "Lo que me impulsó en ese momento fue mi familia y las garantías que el gobierno nos brindó", explica.

La empresa que alimenta a siete familias

A partir de ese momento, y gracias al beneficio económico brindado por la ARN, emprendió un nuevo reto: su fábrica de muebles. Poco a poco, con temores pero con determinación, comenzó a adquirir nuevos proveedores y con ellos nueva maquinaría que fueron fortaleciendo su iniciativa, hasta convertirla en una empresa sólida y estable.

"Iniciamos con la intención de fabricar toda clase de muebles. Se me presentó la oportunidad de ser proveedor de una empresa, entonces me quedé con la línea de vitrinas para droguería debido al gran volumen de oferta que existe. Esto hizo que la empresa creciera de manera acelerada", relata.

Hoy, su negocio sirve de soporte a siete familias que dependen de este trabajo. Todos ellos conocen su historia, ya que más que empelados, son amigos. "He aprendido mucho de ellos y ellos de mí. "Conocen el proceso y saben cómo inicie" y este factor es clave para Arnoldo, quien está convencido en que cada persona es importante para el crecimiento de la empresa.

Como actual empresario, como desmovilizado, pero en especial como ser humano, cree que "los errores no le quita méritos a nadie y todos deberíamos tener una oportunidad. Hay gente muy competente, pero que en algún momento les tocó estar allá y tienen derecho a rehacer su vida", recalca frente a la necesidad  de que más empresarios incentiven a la participación de estas personas para que puedan reincorporase mas fácil a la sociedad.

Hoy es un convencido de que la paz es posible y en que a medida que se den más espacios de reconciliación, en donde las personas puedan encontrarse con el otro y conocer su lado humano, puede haber paz, dejar los rencores atrás y aprender a perdonar.  

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