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La reintegración transforma familias

El minimercado de la reconciliación

El minimercado de la reconciliación

Claudia* y su esposo culminaron el proceso de reintegración y hoy aseguran ser personas transformadas y felices dentro de la legalidad. / Foto: Archivo Comunicaciones ACR.

Villavicencio , 25/04/2017

La historia de una familia que a través del proceso de reintegración logró superar las adversidades.

Claudia* vende alimentos, productos de aseo, y todo lo que se puede encontrar en un minimercado. De lunes a domingo atiende a su clientela con amabilidad y alegría, al tiempo que está pendiente de lo que hace falta para ir surtiendo y tener todo al día.

Hoy, gracias al proceso de reintegración que lidera la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), Claudia tiene lo que nunca imaginó, su propio negocio.

La historia de esta mujer está atada a la de su esposo, con quien lleva más de 20 años. Juntos ingresaron a un grupo armado ilegal, se desmovilizaron, y tras cumplir con una serie de requisitos culminaron con éxito el proceso de reintegración en el departamento del Meta.

Pero, ¿cómo una pareja de jóvenes, ya con hijos termina en un grupo armado? Su esposo cuenta que de Casanare se fueron a vivir a Boyacá con la ilusión de estar tranquilos, pero esta decisión  los llevó por la senda equivocada, pues sin saberlo terminaron en un lugar donde hacía presencia la guerrilla, y así, de reunión en reunión, ingresaron y permanecieron en un grupo armado por 14 años.

"Nos fuimos porque ofrecían ayudas para el campesino, como mercados y cambio de residencia, pero luego nos cambió la mentalidad, seguimos una ideología y perdimos nuestra libertad", comenta Claudia, quien es madre de ocho hijos, de los cuales dos ingresaron al grupo armado.

"Mis dos hijas mayores ingresaron al grupo, cuando nos desmovilizamos una se vino con nosotros pero la otra se quedó y no sabemos nada de ella. Ahora todo es diferente, cuando se está en un grupo armado tristemente uno lleva la ideología en la sangre, y trabaja por eso como si fuera una empresa, pero después fue que nos dimos cuenta de lo equivocados que estábamos", dice Claudia.

Una nueva vida en la legalidad

Su familia ha logrado superarse a pesar de las circunstancias. Ella y su esposo recibieron formación académica desde el grado primero y luego se capacitaron en mercadeo y ventas, informática y  atención al cliente, insumos que les permiten hoy sacar adelante su negocio.

Claudia cuenta que cuando pensaron en una unidad de negocio tenían claro que no se querían separar de sus hijos por segunda vez. "Consideramos lo del minimercado porque podemos estar en la casa pendientes de ellos, entre todos ayudamos a atender, y es un trabajo que nos ha cambiado la vida a todos. Hoy veo que tomamos una buena decisión porque las personas todos los días compramos comida, diferente a un almacén de ropa que por lo general se disparan las ventas especialmente en diciembre", puntualiza.

La protagonista de esta historia y el eje de esta familia es, sin lugar a dudas, Claudia. Una mujer cuyas aspiraciones eran tener un hogar, criar hijos, hacer el desayuno, el almuerzo y la cena. "El giro en mi vida ha sido total, de ser ama de casa ingresé a las filas, luego regresé a la vida civil y me convertí en empresaria, eso me hace sentir feliz y orgullosa, además porque no es cualquier minimercado", comenta entre risas.

En el Meta, a corte de abril del 2017, se han desmovilizado 3.644 personas de las cuales 3.498 han ingresado al proceso de reintegración y 1.172 lo han culminado exitosamente como Claudia y su esposo. 

 (*) Nombre cambiado a petición de la fuente.

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