EL PROCESO DE DESARME
Los elementos convencionales de desarme y desmovilización, son usualmente procesos a corto plazo que proveen en poco tiempo, la seguridad y estabilización, cruciales para la consolidación de acuerdos negociados al conflicto.
Los programas de desarme se enfocan en la recolección o confiscación de armas cortas y armamento ligero de grupos armados, y puede incluir programas complementarios para recolectar armas de manos de civiles. Estos programas pueden ser directos o indirectos dependiendo de la cultura local y contexto.
El desarme en la consolidación de la paz
Los procesos DDR explícitamente se orientan a fortalecer la seguridad del estado, de la comunidad y la individual, a través de la reducción de las fuerzas armadas y la desmilitarización de la sociedad. Muchos programas de DDR incorporan estrategias para abordar la amplia difusión de armas en los ambientes posconflicto, colocando las armas y las municiones fuera de uso, a través de su recolección, disposición y destrucción.
La destrucción de armas y municiones puede tener un alto valor simbólico, dependiendo del contexto cultural y social específico en el cual tiene lugar. Por ejemplo, el desmantelamiento de armas en Irlanda del Norte y Nepal, puede de hecho, haber sido más simbólico que real, con muchas armas que aún permanecen en circulación.
El éxito de las actividades de desarme, depende de varios factores contextuales tales como: i) la percepción de seguridad tanto de los combatientes como de las comunidades; ii) el compromiso del liderazgo político y el apalancamiento del desarme en el proceso de negociaciones; iii) la presencia de una cultura de armas de fuego; iv) el uso de armas de fuego como medio de sustento (por ejemplo, para proteger ganado); v) la existencia de armas y municiones en mercados regionales (legales e ilícitas); iv) la seguridad de las existencias de armas y municiones, entro otros.
Los programas de desarme pueden ser dirigidos (obligatorios) o cooperativos. Los programas obligatorios utilizan instrumentos legales u oficiales, operaciones militares o medidas punitivas; éstas son llevadas a cabo generalmente por los gobiernos nacionales. Este enfoque ha atraído algunas críticas por los activistas de derechos humanos y en algunos casos, como Uganda y Sudan del Sur, estos programas han resultado en abusos, como asesinato, violación, desplazamiento de la comunidad y Saqueo.
Los gobiernos nacionales también desarrollaron otros mecanismos para promover el desarme de combatientes y sociedades tales como “amnistías de armas de fuego”. En dicha situación el desarme puede estar vinculado a la legislación de control de pequeñas armas. En África del Sur, en el 2005, la población podía entregar esas armas que se habían vuelto ilegales, bajo la legislación de control de armas de fuego. Un proceso similar, fue llevado a cabo en Angola, donde en el 2008, se entregaron armas como parte de la ‘Campaña Nacional de Desarme de Personas en Posesión Ilegal de Armas de Fuego’.
Los programas de desarme voluntario o cooperativo requieren incentivos con el fin de convencer a los antiguos combatientes a entregar sus armas. Los programas ‘armas a cambio de desarrollo’, los cuales han sido implementados en Bosnia, Albania, Malí y Nigeria son ejemplos de programas cooperativos.
El uso del desarrollo como incentivo para el desarme, se entiende también para las comunidades receptoras y para impulsar la creación de un clima de cooperación entre los combatientes, comunidades y las agencias implementadoras.En Liberia, por ejemplo, cuando la comunidad es declarada ‘libre de armas’ por la Policía Nacional de Liberia, la comunidad escogerá, que clase de proyecto de desarrollo será implementado.
Las loterías de armas son otro ejemplo de programas cooperativos o de “segunda generación”. Éstas han sido llevadas a cabo en Haití, Mozambique, República del Congo y la Anterior República Yugoslava de Macedonia (FYRM), pero no han sido inmunes a la crítica. Algunos analistas afirmaron, de hecho, que estos programas pueden ser erradamente percibidos por las comunidades como un sistema de recompensas para criminales. Adicionalmente, parecen ser inefectivos en contextos donde existe una cultura generalizada de armas.
El dinero puede ser otro incentivo en los programas voluntarios. Sin embargo, los programas de “comprar” pueden producir varios efectos de mercado negativos.
El dinero puede de hecho, motivar formas ilícitas de comercio en armas, éstas pueden ser robadas de los inventarios, con el fin de conseguir algunos beneficios y los combatientes puedan ser inducidos a moverse de un programa de DDR otro, para conseguir más beneficios dependiendo del monto de dinero a cambio de un arma.
Colombia puede dar testimonio a partir de su propia experiencia de que la seguridad desde la democracia, la confianza inversionista y la cohesión social son factores que en nuestro país han determinado que haya un fenómeno masivo de reintegración y de construcción de paz. Entendemos la inversión como una función social, conectada a nuestras metas y resultados sociales.
Entendemos la cohesión social conectada a la seguridad. Sin seguridad no hay inversión, y sin inversión no nos queda más camino que repartir pobreza.
En Colombia optamos por enfrentar la violencia sin violar los principios de la democracia, de tal forma que ha rendido resultados importantes. A la fecha, se han desmovilizado más de 51.000 personas de los grupos armados ilegales, sin haber logrado aún un cese de hostilidades con todos los grupos terroristas que amenazan nuestra democracia.
Más de 31.000 de éstas fueron el resultado de diálogos de paz sostenidos con grupos paramilitares ilegales entre 2003 y 2006. Las 20.000 restantes han sido el resultado de desmovilizaciones individuales en las cuales los miembros de grupos que no han iniciado diálogos con el gobierno optan por volver a la civilidad a pesar de la falta de voluntad de paz de sus líderes. Del grupo narcoterrorista de las FARC ya se han salido más de 13.000 compatriotas de esta manera.