El teatro para la reconciliación
Para todos nosotros el nombre Santa Marta suele ser sinónimo de playa, brisa, mar, vacaciones, diversión, sol y pescado, una ciudad que combina lo paradisíaco con lo colonial e histórico, una ciudad que visitamos cada seis meses y se pierde en el recuerdo junto a un amor de verano.
Lo que muy pocos conocemos son los torrenciales aguaceros que nutren las calles samarias tratando de imitar la corriente de nuestro otrora río grande, la tranquilidad de su gente, el lento desplazamiento del tic-tac del reloj en un día de trabajo.
Tampoco conocemos el sufrimiento de una ciudad tan bella, causado por la guerra entre hermanos y vecinos del mismo barrio que se enfrentan desde hace años pertenecientes a grupos al margen de la ley, quienes luchaban sin una razón distinta al hambre y a la falta de oportunidades (juicio, éste que lanzo desde una ignorancia que empieza a ser iluminada por mi experiencia de los últimos meses).
Mi encuentro con esta nueva Santa Marta, se ha dado gracias al trabajo que vengo realizando con la ACR. Desde hace siete semanas venimos realizando unos talleres de teatro y literatura, los cuales reúnen a la comunidad con desmovilizados y familiares de estos, alrededor de una experiencia artística distinta. En esta ocasión se busca que los participantes se integren por medio de la creación.
Los talleres empiezan todos los sábados a las dos de la tarde. A medida que los participantes llegan, los recibimos y nos vamos integrando en un gran círculo en el patio del colegio Hugo J. Bermúdez. Así, a eso de las 2:30 de la tarde (el tic-tac samario no deja de funcionar), aquel que en el siglo XIX fue cárcel y hoy es una de las instituciones educativas de mayor tradición en la ciudad, se convierte en un espacio que semana tras semana tanto participantes como talleristas e integrantes del proyecto, hemos empezado a querer. En el círculo, damos comienzo con distintas dinámicas teatrales que nos ayudan a entender el poder de la buena comunicación en la escena, como pequeño ejemplo de lo que debería ser nuestra sociedad, y todos nos unimos y nos divertimos.
Acto seguido, los participantes se dirigen a sus grupos de trabajo en literatura y teatro en donde, por medio del juego, empiezan a conocer estas dos maravillosas artes y a practicarlas. En la primera etapa del proyecto todos pasaban por las dos experiencias. Ahora que nos enfilamos a la realización de una muestra de cierre, cada participante escogerá la que más le agrade para trabajar en la producción de dicho objetivo.
Sobre las 6 nos volvemos a encontrar en el colegio, realizamos una dinámica de cierre que nos deja una reflexión para la semana que viene y para la vida.
Mientras con los jóvenes del barrio 11 de noviembre arreglamos el espacio para devolverlo al adusto portero del claustro, nos vamos despidiendo de esas maravillosas personas; es ahora que empiezo a conocerlas; y sólo espero que el lector se dé la oportunidad de pasar un sábado en Santa Marta y conocer ese otro pedazo del alma de tantos jóvenes que en nuestra sociedad infortunadamente no han conocido espacios sensibles que les muestren mundos posibles y les ayude a enriquecer sus vidas.