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SALA DE PRENSA - ALTA CONSEJERÍA PARA LA REINTEGRACIÓN
CRÓNICAS DE LOS PARTICIPANTES


Historias Exitosas

Luis Javier y el coraje de volver a empezar

Luis Javier Vanegas


Con su trabajo en un pequeño taller de Guadua, un grupo de desmovilizados heridos por minas antipersonales no sólo logró superar la adversidad, además se convirtieron en el ejemplo de todo un pueblo.


Por Cristina Callejas C.

Cada luna menguante Luis Javier Vanegas repite el mismo ritual:

sale de su casa cuando aún faltan varias horas para que amanezca y atraviesa el pueblo para internarse entre el bosque de guaduas que se eleva en medio de las montañas del corregimiento de la Danta, en pleno corazón del Magdalena Medio antioqueño.

No tiene nada de extraordinaria la hazaña de cortar esta especie de bambú gigante en medio del monte y la oscuridad de la madrugada, que es cuando la planta tiene menos líquido.

Nada extraordinario, a no ser que Luis Javier, al igual que nueve de sus compañeros, perdieron un miembro por acción de las minas antipersonales. Le falta la pierna izquierda.
La perdió hace más de dos años cuando estaba en las autodefensas y en medio de un patrullaje una mina estalló y lo lanzó a varios metros de distancia.

Cuando vio las lesiones y se dio cuenta que iba a quedar mutilado entendió que acababa de recibir una nueva oportunidad en la vida. “Supe que tenía que empezar todo de nuevo… que tenía que volver a aprender a andar –dice, y de pronto sus 26 años se multiplican y habla como si hubiera vivido 50-. Fue duro volver a donde mi mamá, ya que la última vez me vio salir completo de la casa, y ahora regresaba sin una pierna”.

De ese accidente nació la idea de crear un taller donde él y sus compañeros discapacitados, que también se habían desmovilizado, pudieran dedicarse a la construcción, la artesanía y los muebles en guadua. “Teníamos la necesidad de poder valernos por si solos y agruparnos para evitar ser discriminados. Sabemos cuáles son las capacidades físicas que tenemos y por eso trabajamos por sacar este taller adelante”, explica Luís Javier mientras le pasa unos trozos de madera a uno de ellos.

Según él, las heridas físicas no son nada comparadas con las sicológicas que cuatro años en las autodefensas habían dejado en él. Se necesitaba tiempo y trabajo para que cicatrizara su alma y aprendiera no sólo a perdonar, si no como él mismo lo había dicho, aprender todo desde cero: a vivir de nuevo en sociedad, a acatar las leyes, a no tomarse la justicia en sus manos, a ayudar a la comunidad, a salir adelante por él y su familia… a ser independiente y a empezar a construir su futuro.

Tantos años por fuera de la ley hacían mucho más difícil esta tarea, pero no estaba solo en su empeño, tuvo la ayuda de su tutora, una de las sicólogas de la Alta Consejería para la Reintegración que visitan a los participantes en sus casas, les hacen talleres y actividades familiares y con la comunidad. Gracias a mujeres como ella, miles de colombianos pueden volver a creer que un futuro sin guerra es posible.

Para quienes nunca estuvieron en la guerra, tal vez esto no tiene mayor importancia, pero para estos hombres y mujeres que dejaron sus mejores años en el monte, esta ayuda lo es todo.

Gracias al trabajo de la Unidad de Reintegración Social además de la ayuda sicológica, estos participantes pueden tener acceso a los servicios de salud como cualquier colombiano y reciben orientación en educación a través de profesionales que gestionan los cupos en colegios, escuelas, institutos y universidades.

Tallando el perdón

Luis Javier Vanegas

Para personas como Luis Javier, vencer los prejuicios y regresar a las aulas no es fácil pero saben que la educación es la primera herramienta con la que lograrán darle un vuelco a sus vidas.

Henry Aguirre, uno de los mejores amigos de Luis Javier distribuye su tiempo entre la talla de mármol y la escuela:

“hoy recibí mi diploma de primaria y en unas semanas empiezo a validar el bachillerato”, dice y mira a Diana, su esposa que está más orgullosa que él mismo:

“hace años no hubiera pensado verlo realizado como ahora, pero apenas salió de la guerra y empezó a estudiar yo empecé a creer que de verdad una nueva vida era posible”.

La educación y la formación para el trabajo son las estrategias a través de las cuales el gobierno logra que estas personas puedan ingresar en igualdad de condiciones al mercado laboral colombiano y por eso, además del acceso a la educación formal acceden a formación para el trabajo, donde tienen la oportunidad de aprender un oficio que les permitirá conseguir sus propios ingresos, al mismo tiempo que estudian una carrera técnica o universitaria.

Así lo hizo Luis Javier, que mientras avanzaba en sus estudios de primaria, aprendía con José Aristides Pérez, uno de los maestros del SENA, a convertir la guadua en percheros, lámparas y cofres, que con sus compañeros venden en el pueblo.

Ellos, al igual que todos los participantes del proceso de reintegración, pueden optar por un empleo o tener su propio negocio. “El reto es lograr que nuestros participantes generen habilidades para valerse por sí mismos, les brindamos las herramientas para que puedan ser autosuficientes, al mismo tiempo que se beneficia a toda la comunidad”, explica María Isabel Agudelo, gerente de la Unidad de Reintegración Económica.

Luis Javier Vanegas

Es por esto que la reintegración significa para muchos participantes una nueva oportunidad de vivir, Luis Javier, por ejemplo, está convencido de que en su vida actual no se está equivocando, “no solamente servimos para estar en el monte, ahora también le servimos con provecho al país”, dice mientras corta una guadua para hacer una lámpara.

“Gracias a Dios en Colombia existe el perdón y la gente ve que nosotros de diferentes formas lo estamos buscando. Yo quiero remediar en algo lo malo que hice antes. Ahora pueden mirarme y decir que ayer era este y hoy soy otro. Si mucha gente lo puede ver, entonces yo digo... he pagado”.




Destacado:

A través del formato de seguimiento, los tutores de la ACR definen el acompañamiento y la estrategia que le permite a cada participante regresar a la legalidad de una manera adecuada. A junio de 2008, el 100% de los participantes tenían su ruta de reintegración iniciada.

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