Historias Exitosas
La tienda de don José
Una mañana cualquiera entró una señora a comprar 100 pesos de cilantro, a la tienda de José* en Ciudad Bolivar, una de las localidades más extensas de Bogotá con más de 12 mil hectáreas, pero groseramente tiró el racimo de cilantro al piso, asegurando que era muy poco por el precio que pagaba. José con calma y educación le respondió que no podía venderle más cilantro por ese precio.
La señora se fue disgustada y pregunto en la tienda de enseguida, pero se llevó una sorpresa porque por los 100 pesos le dieron menos cantidad, de inmediato regresó a comprar a la tienda de José. Quien la volvió a atender sin resentimientos, insistiéndole que no podía darle más cantidad por ese precio porque perdía en el negocio.
Don José aprendió que a los clientes se deben tratar con mucho respeto para ganárselos, gracias a los empleados de Coca Cola Femsa en Bogotá, quienes semanalmente se reúnen con algunas personas de la población desmovilizada para asesorar sus negocios.
Estos empleados de Coca Cola son voluntarios del Banco de Tiempo, una estrategia de responsabilidad social que realiza esta multinacional en diferentes ciudades, donando su tiempo y conocimientos para garantizar el éxito de los planes de negocios de los colombianos que abandonaron la violencia para reintegrarse a la vida en sociedad.
Don José lleva ocho meses con su pequeña tienda, ubicada en una de las localidades más conflictivas de Bogotá, donde habitan 713.764 personas. Allí en Ciudad Bolivar donde el viento se hace más frio que el de la capital, José se levanta temprano para atender el negocio, que le da el sustento para él, su esposa y sus tres hijos.
“En Coca Cola, aprendí el manejo de un negocio, como atender a una persona, porque a veces uno no tiene genio, pero allá le enseñan cómo se atiende de buena manera, que la presentación de uno también cuenta y el aseo del negocio, son cosas que uno no sabía”, dice José, participante del proceso de reintegración desde hace cinco años.
José es una persona seria, pero como él mismo dice es un hombre de buenos sentimientos para con su esposa y su familia. Sandra, más que su compañera es su cómplice, lo conoce desde hace trece años, incluso antes de que José ingresara a las Autodefensas en el departamento del Putumayo.
José nació en el Huila, pero fue un verdadero aventurero, a los 12 años se fue de su casa y cuenta que conoce todos los pueblos del Huila, Caquetá y Putumayo. Confiesa además que a todo andariego le llega su momento de ponerse serio, y ese punto lo encontró en el amor verdadero que le despierta Sandra, de quien siente que todo le gusta.
“Antes yo pensaba que no salía nunca de por allá y ahora pienso en grandes cosas. En tener una casa propia para mi familia, porque antes ni pensaba en eso, pensaba que en el monte me iba a quedar toda la vida, pero ahora pienso y sueño con ampliar mi negocio y sacar mis hijos adelante”, afirma José quien se desmovilizó en el 2005.
José a sus 34 años es un hombre trabajador y echado para adelante, asegura que muchos de sus compañeros desmovilizados no creen poder vivir de un negocio, pero él afirma con certeza que sí, que el éxito está en trabajar a toda hora.
“Siempre había pensado en tener un negocio así como el que tengo hoy, para no depender de nadie, esa es mi meta. A mi me gusta el trabajo y no necesito irme para allá; irme a matarme con otra persona ni nada. Aquí estoy bien con mi negocio, mi esposa y mis hijos”, reflexiona José.
La tienda está dando ganancias y pronto tendrá el letrero que bautizará su negocio como “Alejandra”, el nombre de su hija mayor.
• Nombre cambiado por seguridad.