Historias Exitosas
Rosa Amelia y sus siete enanitos
El machismo, la falta de educación y la extrema pobreza llevaron a esta mujer de 34 años a incorporarse al Bloque Central Bolívar. Hace 4 años se desmovilizó y gracias al proceso de reintegración, ella y sus hijos están estudiando con la esperanza de ser profesionales.
Por: Karen González A.
A Rosa Amelia Tamayo su madre la echó de la casa a los 13 años, por unas pastillas anticonceptivas que pertenecían a su hermana menor. Y ¡qué ironía! Han transcurrido casi dos décadas desde entonces y nunca ha podido planificar.
Por este capricho de su ex esposo hoy es madre de siete hijos.
No se arrepiente de tenerlos pero sabe que sacarlos adelante, sola, sin saber leer ni escribir, sin poder aspirar a un empleo diferente al de ser empleada doméstica o vendedora de lotería, es muy difícil:una odisea contra el hambre y la pobreza.
Por un momento, escuchándola, odié a su esposo.
¿Cómo había podido dejarla en la absoluta miseria, con siete niños a cuestas? ¿Cómo carajos podía vivir tranquilo sabiendo que ellos, aplastados por las penurias económicas, durante muchos años se alimentaron de basura reciclada?
Su esposo la echó de la casa hace siete años, cuando estaba embarazada del séptimo hijo, el único varón. Entonces, con una fortaleza que uno jamás se explica de dónde sacó, colonizó un terreno baldío en las afueras de Tarso (Antioquia) y allí improvisó una casa con plásticos y palos de madera. Tenía al menos donde meterse con sus hijos, a pesar de que durante el invierno a duras penas lograban conciliar el sueño cuando el agua les llegaba a las rodillas.
La lucha de Rosa
Por fin, un buen día, uno de sus hermanos se apiadó de ella y sus hijos y se los llevó a vivir a Puerto Berrío. En El Oasis, una zona que invadieron desplazados de la violencia que llegaron de toda Antioquia, levantó su hogar. No había terminado de acomodarse cuando dos paramilitares del Bloque Central Bolívar le dieron un ultimátum de 24 horas para que se fuera.
Durante una semana Rosa Amelia y sus ‘siete enanitos’ –como suele llamar a sus hijos– se escondieron en la casa, pero el hambre pudo más que el miedo y salieron de nuevo. Las vecinas, que de cuando en cuando les daban las sobras de comida, decidieron interceder por los Tamayo. Hablaron con el comandante y finalmente él los dejó quedarse.
Pero a medida que pasaban los días ella se veía más acorralada y en medio del desespero por no dejar a sus hijos morir de hambre decidió hablar con el comandante para convencerlo de que la dejara hacer parte de las autodefensas. “Al principio él no quería, pero yo le rogué, le supliqué, le dije: ‘mire que mis hijos están aguantando hambre’. Y finalmente me dejó quedar”, cuenta Rosa Amelia y suspirando profundo.
“Nunca maté a nadie. A mí básicamente me tocaba cuidar el armamento, los radios, los celulares y tenía que ‘ranchar’, o sea cocinar para los combatientes. Ellos me dejaban llevar mercado a la casa, gracias a eso y a los 200 mil pesos que me pagaban, pude meter a los niños en un internado… Yo siempre quise que ellos estudiaran, que fueran profesionales porque si no tendrían que ser sirvientas”, dice con una convicción abrumadora.
De regreso a las aulas
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“Quiero criar gallinas pues los huevos tienen mucho potencial de mercado en Puerto Berrio”, dice, y sus hijos sonríen.
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Hoy Rosa Amelia hace parte de los dos mil paramilitares del Bloque Central Bolívar que se desmovilizaron en la finca Bellavista, en el municipio de Remedios (Antioquia), en diciembre del año 2005, como producto de las negociaciones de paz con el Gobierno. Gracias a esto está construyendo una nueva vida para ella y su familia con el acompañamiento del Estado colombiano.
Recibe asesoría psicológica, tiene cobertura en salud, para ella y sus hijos y mensualmente recibe un apoyo económico de 400 mil pesos mensuales que le está permitiendo cumplir su gran sueño de terminar el bachillerato, al que también tiene acceso gracias al proceso de reintegración. Además, en una jornada de 10 de la noche a 2 de la mañana cursa, con su hija Daniela de 15 años, un técnico en construcción que ofrece el Sena, para reconstruir su casa.
Rosa Amelia hoy en día tiene esperanzas y también posee lo que muchas madres en el mundo desearían: hijos ejemplares.
Con ellos, que son sus amigos, sus compañeros de estudio y su motor para seguir luchando, está avanzando con éxito por el camino de la reintegración, proceso con el que el Gobierno Nacional le apuesta a la consolidación de la paz.
Actualmente su meta es capacitarse en especies menores, pues sabe que cuando complete esta formación, con la asesoría de expertos, y el apoyo de la Alta Consejería Presidencial para la Reintegración, podrá montar un proyecto rentable.
Con este negocio, en el que tienen puestas todas sus esperanzas, Rosa Amelia y los ‘siete enanitos’ aspiran a ir a la universidad para convertirse en todos unos profesionales y poder tener un futuro con mejores oportunidades lejos de la pobreza que los ha acompañado toda la vida.
Destacado
A abril de 2008, 17.107 participantes del proceso de reintegración ingresaron al sistema educativo, en las modalidades de alfabetización, educación básica y media. Además, entre pre-matriculados y matriculados la cifra total de participantes vinculados fue de 20.134 personas.