Historias Exitosas
Renace la esperanza de los Pacaya
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Cansado de las injusticias que se viven al interior de las Farc, Modesto, un indígena de la comunidad Ticuna, decidió desertar en el año 2007. Hace tres meses su hija mayor siguió sus pasos, y hoy recorren juntos un camino de reintegración, un camino que está marcado por la alegría del nacimiento de un nuevo miembro de la familia Pacaya.
Hillary fue concebida el mismo día en que Modesto Pacaya, su padre, desertó del séptimo frente de las Farc. Con la complicidad de los militares que recibieron al guerrillero en su nueva vida, y que rescataron a su familia cerca de Caño Flauta, aguas arriba del río Guayabero, en San José de Guaviare; terminó una ausencia de seis largos años, lejos de su esposa.
“En las Farc -dice Pacaya- hay que dejar la mujer para seguir la revolución”.
Por eso, la última vez que estuvieron juntos fue el día en que el comandante Olimpo le ordenó alistar maletas para hacer un curso militar. Modesto jamás imaginó que el precio por llevar camionadas de comida al Bloque Oriental de las Farc era convertirse en un guerrillero. Era eso o morir.
Durante seis meses Modesto realizó el entrenamiento militar y político, y luego, empezó una vida de privaciones y tristezas en las montañas de Colombia. Mientras él arriesgaba su vida como comandante de escuadra, su esposa y sus hijos vivían en la extrema pobreza.
Lo peor vino después: “Un día salí a la población civil y me emborraché. Por eso, me degradaron, me castigaron y durante tres meses tuve que abrir una zanja de arrastre y una trinchera de 100 metros. Las manos me sangraban… El dolor era terrible”, dice Modesto.
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Regreso a la libertad
El 20 de febrero de 2002, fecha en la que el ex presidente Andrés Pastrana da por finalizado el proceso de diálogo con las Farc, Modesto aprovecha para pedirle a Manuel Marulanda que le deje ver a su familia. Estando a 200 metros de su casa, el comandante alias ‘Gentil Duarte’, le prohíbe hacerlo. Dice que el Ejército Nacional está muy cerca y que es mejor que no se haga matar por su mujer.
Los siguientes cinco años Modesto se desencanta más y más de la guerrilla. Le dolió el asesinato de una hija de 15 años, que tuvo con otra mujer, una hija que mató el mismo grupo cuando se dio cuenta de que iba a desertar con su novio.
Le dolió saber que a los indígenas, como él, los creen ignorantes y los mandan al frente de batalla, como carne de cañón. Le dolió saber que mientras los hijos del Secretariado de las Farc estudiaban en las mejores universidades del mundo, los suyos se dormían con el hambre pegada a los huesos.
Todo esto le dio el valor para tomar la decisión de desmovilizarse, en el año 2007.
Todo un empresario
Modesto empezó a reconstruir su vida poco a poco. Aunque prácticamente era un desconocido para su esposa y para sus cuatro hijos, gracias a Hillary pudo reintegrarse a su familia. Con el apoyo de ellos, validó el bachillerato y comenzó a estudiar en el Sena para convertirse en tecnólogo en Administración de Empresas.
Además se hizo beneficiario del Banco de Tiempo y con la asesoría de los directivos y ejecutivos de Coca Cola Femsa y el apoyo de la Alta Consejería Presidencial para la Reintegración montó un mini mercado en la localidad de Suba, en Bogotá.
Para completar su dicha hace tres meses la hija que militaba con él en las Farc decidió desmovilizarse. Ella, actualmente se está recuperando de la pérdida de su bebé, y cuando este mejor de salud comenzará a recorrer un camino de reintegración en el que tendrá derecho a la maternidad y a la crianza de los hijos.