Historias Exitosas
Pedaleándole a la vida
Jesús Gabriel Negrete perdió su pierna izquierda al pisar una mina cuando era miembro de las AUC. Luego de un periodo difícil, su vida continuó igual que antes gracias a una prótesis. Incluso monta bicicleta. Ahora está planeando abrir un expendio de carnes para sacar adelante a su esposa y sus dos hijas. Todo un ejemplo de lucha.
Al observar a Jesús Gabriel Negrete recorrer las calles de Montería montado en su bicicleta parecería no tener ningún problema físico. Cuando se baja de su caballito de hierro y da uno que otro paso se ve que cojea un poco, pero nada del otro mundo. Solo hasta que se levanta la bota del pantalón y queda desnuda la prótesis de tez morena que tiene en su pierna izquierda es que queda en evidencia que a este joven de 24 años le falta su miembro inferior.
Sin complejos y con algo de humor dice que la prótesis es hasta del mismo color de la otra pierna y que solo le faltan los vellos para que sea real. Jesús Gabriel perdió la pierna en el año 2001 cuando era integrante del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia. Se encontraba patrullando en un municipio cercano a la Gabarra, Cúcuta, con la misión de tomarse municipio de El Tarra, en Norte de Santander, que era de dominio guerrillero.
Cuando llegaba a un punto conocido como El Martillo pisó una mina y quedó tendido en el suelo. Sentía medio cuerpo paralizado y aunque el dolor era intenso tenía que ahogar los gritos debido a la cercanía del enemigo. Estuvo dos días esperando que lo evacuaran del área de combate. Ese era apenas el comienzo del recorrido. Pasó por la Gabarra, Tibú, Medellín, Montería y Ralito esperando que le definieran qué iba a pasar con su pierna. Finalmente recibió un dictamen contundente: era necesario amputarla.
Recuerda que al comienzo no fue fácil pero el estar en Ralito, en el hospital de las AUC, con cerca de 15 personas de su misma condición, e incluso peor, le sirvió de aliciente. Seis meses después de la amputación, Jesús Gabriel tenía una prótesis y su vida continuaba con normalidad, al punto que un año después contrajo matrimonio.
En el año 2005 se desmovilizó del grupo armado y con la motivación de tener a Gabriela María, su hija mayor, empezó su proceso de reintegración. Si bien su cuerpo había cambiado volvió al oficio que desempeñaba antes de unirse a las filas: soldador. Hacía puertas en lámina, ventanas en aluminio y forjaba hierro. Hasta llevaba las pesadas piezas al hombro en bicicleta.
Por causa de los excesivos esfuerzos, la prótesis le mandó la cuenta de cobro. Primero se dañó la rótula y luego la unión de la prótesis. Ante esto sólo quedaba una solución: hacer uso de sus capacidades como soldador y su inventiva. Cada vez que la prótesis se desajustaba él mismo la soldaba. Incluso cuando se le partió el tubo de la pierna lo reemplazó por una pieza de hierro. Su creatividad se puso a prueba cuando por culpa de un aguacero se le pudrió el pie de goma. Era necesario armar otro pie y con la punta de acero de unas botas él mismo lo diseñó.
Pero la pierna no era lo único que se estaba deteriorando y su columna empezó a protestar. Sabía que tenía que cambiar de profesión y la señal definitiva le llegó un día que iba en bicicleta y por causa de un aguacero perdió el control y se estrelló contra el andén. Al ponerse de pie perdió el equilibrio y cayó nuevamente al asfalto. La pierna se había roto definitivamente.
Gracias al cubrimiento de salud que le brinda la Alta Consejería para la Reintegración, Jesús Gabriel empezó los trámites para que le dieran una prótesis nueva. “El doctor me dijo que me iban a dar una buena y así fue. Costó cinco millones cuatrocientos mil pesos y fui hasta Cartagena a recibir la nueva pierna”. En mayo de este año Jesús Gabriel estrenó prótesis.
Sin remaches ni arreglos reforzados, Jesús Gabriel inició un nuevo camino lejos de la soldadura, oficio que le ha permitido sacar adelante a su familia pero al mismo tiempo le ha ocasionado más de un dolor de cabeza. Por esta razón hizo cursos en fundamentos en mercadeo, asesor empresarial y manipulación de alimentos en el Sena. Ahora está empeñado en sacar adelante un negocio de expendio de carnes y está a la espera de la ayuda de la ACR para montar su plan de negocio. “No vuelvo a trabajar con hierro, eso es duro, lo sé. Mejor estudiar para dedicarse a otra cosa que dañar la prótesis”.
Jesús Gabriel sigue recorriendo las calles de Montería en su bicicleta, ahora con una pedaleando mucho mejor y con el sueño de un nuevo negocio en el que su pierna no desgastará.