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SALA DE PRENSA - ALTA CONSEJERÍA PARA LA REINTEGRACIÓN

COLUMNAS DE OPINION - 2010

Con desarrollo socioeconómico equitativo el Meta construye la paz

Abril

En los lugares más olvidados del Meta, algunos colombianos, siendo muy niños, sufrieron la pobreza, la injusticia social y la crueldad en carne propia. Y eligieron después el equivocado camino de las armas. Sembraron dolor y violencia en el departamento, asegurándose así una juventud desdichada para ellos y para sus coterráneos.

Para algunos tuvo que pasar mucho tiempo antes de darse cuenta del error y, ya adultos, decidieron desmovilizarse de los grupos armados al margen de la ley. Están arrepentidos y ahora deben volver a una sociedad que no conocen, una sociedad que ha evolucionado al ritmo de los avances tecnológicos, que tiene nuevos sistemas de comunicación y novedosas formas de producción. Y tienen miedo.

Regresan a un país que eligió la democracia como la mejor forma de gobierno y la seguridad como la manera adecuada para alcanzar la paz. Una sociedad que no quiere más FARC ni más secuestro. Y ellos, ellos tienen muchas heridas por sanar, profundos vacíos educativos y grandes deudas por saldar con millones de víctimas de la violencia en Colombia.

Reintegrarse a la vida civil no es fácil. Se presentan tensiones en sus casas, en la escuela, en el trabajo, así como en la comunidad que los recibe, pero a pesar de esto, ellos deben seguir adelante, asumir un nuevo rol en el que primen las relaciones asertivas, la resolución no violenta de los conflictos, la responsabilidad y la proyección y orientación al logro.

Estas competencias las desarrollan acompañados de psicólogos y trabajadores sociales de la Alta Consejería Presidencial para la Reintegración. Además, retoman la primaria y el bachillerato, y emprenden formaciones laborales que les permita convertirse en microempresarios o en trabajadores consagrados en sus empleos.

Gracias a su compromiso, en el Meta abundan las historias de vida que demuestran que la reintegración sí es posible y hoy es una realidad. Y gracias a eso el pueblo metense, maltratado durante décadas, ha comenzado a acoger a sus desmovilizados, demostrando así su empeño en construir una paz justa y duradera. Las industrias petrolera y minera, los gremios de la palma y el caucho, los ganaderos y los gobiernos locales de la región le están apostando al desarrollo socioeconómico con equidad y le están dando oportunidades de empleo a los desmovilizados y a las víctimas, por igual.

Saben que para alcanzar la paz deben trabajar con el esmero, la dedicación y el talento que las grandes obras de la humanidad han exigido a sus autores. Saben también que la paz es la única manera como nuestros hijos, los de todos los colombianos, pueden aspirar a tener un mejor futuro, un futuro donde ninguno tenga como disculpa el hambre o la venganza para desperdiciar la juventud en la violencia.

Por Frank Pearl
Alto Comisionado para la Paz y la Reintegración

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